El hambre del oído


 
Así es, primero pon mucha atención porque te vamos a contar sobre el hambre del oído, con el objetivo de que puedas ponerle un alto y pararla en seco.
 
El hambre del oído surge cuando un sonido en especial despierta tu antojo y tus ganas de llevarte algo a la boca, aunque tu estómago esté completamente lleno.
 
Digamos que comiste algo pesado y por la tarde vas al cine,  como estás llena no pasaste a la dulcería y optaste por entrar directo a la sala. Una vez dentro y con las luces apagadas, escuchas a las personas a tu alrededor masticar sus palomitas, lo más seguro es que esto detone tu antojo y quieras salir corriendo por unas.
 
Aunque no lo creas, los sonidos pueden despertar tu hambre y mandan una señal clara al cerebro: “comamos eso que suena tan bien”.
 
Otro ejemplo sería el crujir de una tostada o galleta o el siseo que hacen los alimentos al pasar por aceite caliente. Ya rompiste la dieta y estás comiendo pozole, pero te prometiste que sólo sería un plato pequeño, sin embargo alguien en la mesa toma una tostada preparada con crema y la muerde. Ese crujir te recordará que hay tostadas y es muy probable que caigas en la tentación.
 
No todos los sonidos son para mal, por ejemplo, si muerdes una manzana esperas que cruja en tu boca, independientemente de si está dulce o no. ¿Cómo te sentirías con una manzana que no hace sonido al morderla? Seguramente no la comerías. Los sonidos pueden ser referencia de la calidad de los alimentos que vas a consumir.
 
Ahora que sabes que tus oídos juegan un papel importante en la alimentación, es tiempo de que pares oreja y detengas el impulso. Piensa en las mascotas (perros o gatos) que al momento en que escuchan el mover de sus recipientes acuden de inmediato a comer… ¡Tú no quieres hacer lo mismo!
 
-Identifica qué sonidos remueven tu antojo auditivo: puede ser el mover de platos y ollas, puede ser el siseo de la comida al freír, crujir de ingredientes o el sonido que se hace al destapar algo.
 
- Cada que los escuches, date cuenta que no es tu estómago, sino tus oídos, los que piden comida. Escucha con atención por algunos minutos y verás que ese antojo bajará.
 
- Hazle caso a tu estómago y mente. Quizá ese antojo no es tan saludable y desequilibraría tu alimentación y tu salud, o simplemente tu estómago está satisfecho y no tienes por qué comerlo.
 
¡Para oreja y ponle un freno al hambre del oído!  

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