La ciencia ha demostrado la enorme importancia que tienen, para la salud y bienestar, las millones de bacterias que viven en tu cuerpo: la microbiota.
 
Se trata de más de 100 millones de bichitos que viven, se activan y comunican contigo, esencialmente desde tu intestino, pero también en tu piel, tu boca, tu nariz, etcétera. El hecho de que estén ahí y en buenas condiciones, ¡es fundamental para tu salud!
 
Gracias a todas estas microbacterias puedes digerir alimentos, además te proporcionan vitaminas y oligoelementos esenciales que juegan un papel central en tu sistema inmunológico.
 
¡Así es! Tu capacidad para defenderte de virus y bacterias “malas”, depende en gran medida de las bacterias “buenas” que viven contigo. Algunos estudios sugieren que hasta te hacen escoger cierto tipo de alimentos, e incluso que pueden influir en tu estado de ánimo.
 
Estas dinámicas, muy estudiadas por la biología, se llaman relaciones simbióticas; es decir, que las bacterias te aportan mucho a cambio de que les proveas de un universo completo tal como les gusta: húmedo, oscuro, caliente, lleno de comida y sano.
 
Desafortunadamente parecería que desde hace algún tiempo la modernidad ha decidido declararles la guerra. Por ejemplo:
 
- La lactancia materna que se está perdiendo.
 
- La toma de antibióticos automedicada.
 
- Por el uso excesivo de desinfectantes como el cloro que están en todos lados y que podrían sustituirse con desinfectantes suaves como jabón, agua o vinagre.
 
Estos y muchos otros factores, hacen que la  microbiota esté dañada, alterada, disminuida, y en consecuencia, ¡la salud se ve afectada!
 
De acuerdo con diversas investigaciones, las alteraciones de la microbiota están relacionadas con padecimientos como depresión, alergias, enfermedades autoinmunes, asma, problemas digestivos como la colitis, obesidad y enfermedades crónicas como la diabetes o Parkinson.
 
 
Es hora de cuidarte con el 1, 2, 3 de la microbiota
 
1. Consume bacterias “buenas” o “probióticos”: están en la crema, yogurt y quesos frescos, pan con levadura, aceitunas y productos en escabeche (sobre todo si aprendes a prepararlos en casa con productos frescos).
 
2. Consume lo que le gusta a las bacterias, se llaman “prebióticos”: papa cocida fría, espárragos, alcachofa, arroz integral cocido y frío, trigo entero, avena, centeno y mucha celulosa, es decir, vegetales como col, acelgas, zanahoria, espinacas, nabos, ejotes, calabaza, brócoli, betabel, champiñón y lechuga.
 
3. Evita lo que las afecta: los antibióticos (no te automediques), los desinfectantes químicos (puedes usar vinagre, un poco de iodo o simplemente lavar y secar bien lo que vas a consumir), los aditivos como el glutamato (checa el contenido en las  etiquetas nutrimentales), los antiácidos (en especial los que tienen aluminio), y ¡el estrés! Las hormonas que liberas por estrés hacen mucho daño, mejor aprende a relajarte, respirar profundo y evitar que las emociones controlen tu pensamiento.
 
¡Protege tu microbiota para que esas millones de bacterias buenas cuiden también de tu salud!

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